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TÁNGER:
CIUDAD CON ALMA
Abdellatif Bouziane
Mourir-13/05/2008- blogtangerexpress.com
DEDICADO A TODOS
LOS PROTAGONISTAS DE LA ULTIMA ESCAPADA
Al otro lado, Tánger, cercada por murallas
en la que se abren numerosos arcos y
puertas, y bañada por dos mares, emprende en
la lejanía: el soplo de inspiración y magia,
la fluidez de las palabras, el olor a menta,
las lágrimas de nostalgia, el bullicio del
medio día y más tarde el susurro de
madrugada, las vistas panorámicas, los
sonidos donde rompen las olas, el paso de un
taxi, los roces de la gente en el mercado,
los movimientos de las hojas de los árboles
coloniales, las miradas desde las carreteras
elevadas, la sentada de las ancianas
majestuosas en sus puestos del mercado, los
ojos de los niños llenos de paz, los
recuerdos imborrables, la luz del día, los
balcones a los mares con su dominio de la
curvatura del mundo, el incendiado horizonte
entero, los paisajes substanciales, el
encuentro con los objetos, el despojo de la
trivialidad, los colores de las frutas,
verduras y legumbres, la sonrisa inocente,
las puertas decoradas y esculpidas, la
primavera embriagadora, los toldos
deslucidos, los azotes del levante, la
noción lenta del paso del tiempo, las
cuestas empinadas, las retinas deslumbradas,
las playas escandalosas, los sentimientos
extravagantes, las maletas llenas de
oportunidades, el gato y la gata entre los
escombros, el instante detenido en la luz y
el tiempo, el olor tan familiar a marengo,
las colinas brillantes de los montes, la
mezcla de los gritos de hombres y mujeres,
las bocinas estridentes de los vehículos,
las risas en los cafetines, la impresión de
la hospitalidad, los cabellos musicalizados
por el viento, el azul del mar, la hora de
los pájaros, el cielo protector, los rostros
reposados, las sombras negras y veloces, los
deseos de vuelo, el silencio de la brisa, la
descontrolada puesta roja del sol, los
paseos con los amigos por el Boulevard
Pasteur, la cazadora vaquera, los besos en
la mejillas, la suavidad de la oscuridad,
las conversaciones clandestinas, el olor a
jazmín, los perfumes falsificados, los
mercados negros, los patios, las tapias, las
callejuelas, la medina, las anécdotas, la
mitología,… En fin, una ciudad sin leyenda
es como un cuerpo sin alma.
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