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El amigo secreto de Paul Bowles
CÉSAR ANTONIO MOLINA/14-05-10/ABC.es/tangerexpress.

Mohamed Mrabet firmó con Paul Bowles el volumen «amor por un puñado de pelos», pero la colaboración entre ambos fue mucho más estrecha y vampírica. El escritor norteamericano, cuyo centenario se celebra en 2010, se sirvió de los cuentos orales del marroquí como fuente de inspiración y le dio forma. Mrabet lo cuenta en ABCD.
Mrabet pasó su juventud rodeado de aristócratas europeos y ricos norteamericanos que se fueron a vivir a Tánger buscando un bienestar espiritual, una libertad, una aventura, un exotismo, una permisividad y hasta un libertinaje censurado en sus países de origen. Por poco dinero encontraron sexo y drogas en esta tierra de todos y de nadie. Unos aprovecharon creativamente esta experiencia paradisíaca que en ocasiones se tornó infernal; otros sucumbieron en el saciado anonimato de sus desbocados instintos. Muchos de estos jóvenes salvajes malgastaban sus vidas en fiestas y en una búsqueda permanente del placer por el placer. Bowles, Burroughs, Capote, Tennessee Williams o Corso sobrevivieron a sus excesos, no así Jane Bowles.
Por Tánger ya habían pasado el libidinoso Samuel Pepys (en la kasba hay una higuera de su época bajo cuya sombra escribió –según dicen– algunas páginas de su diario); Delacroix y Matisse, pintores de la tragedia y de los colores y la luz; y el viajero Paul Morand, autor de «Hécate et ses chiens» (1955). El escritor español Ángel Vázquez también tomó esta ciudad como telón de fondo para su obra Juanita Narvoni. La atracción de Tánger prendería de manera menos intensa en otros escritores e intelectuales como Samuel Beckett o Michel Foucault.
Mrabet trabajó, física e intelectualmente, para los Bowles durante casi cuarenta años. Hizo de guardaespaldas, chófer, limpiador, enfermero y de magnífico cocinero. Había aprendido este oficio acompañando a su tío, jefe de cocina del Hotel Minzah.Para Mrabet, ¿quién era Paul Bowles? Un músico, fundamentalmente un músico norteamericano, escritor a veces, homosexual, casado con una mujer a la que nunca quiso, con quien jamás tuvo relaciones sexuales y, sin embargo, con quien convivió hasta su muerte. Para Mrabet, ¿quién era Jane Bowles? Una judía norteamericana, escritora, autora de un magnífico libro titulado Dos damas muy serias; una mujer que tenía relaciones sexuales con otras mujeres. Jane estaba enferma física y psíquicamente, por lo que era incapaz de cuidar de sí misma. A Mrabet le confesó que nunca vivió un solo día feliz junto a su esposo. Bebía y fumaba sin parar. De no ser por Cherifa, con quien convivió casi todo el tiempo en Tánger, hubiera muerto antes en ese suicidio lento.
Historias «robadas»: Recibo en la cafetería del Hotel Minzah, donde estoy hospedado, a Mrabet. Viene acompañado por Barranco, con quien está trabajando desde hace unos meses en un libro de memorias. Esta vez viene vestido con una chilaba blanca y trae bajo el brazo una carpeta llena de dibujos. Nada más sentarnos nos comenta que allí se alojó, en 1945, Bowles. Era entonces un hotel más pequeño y agradable. El Minzah fue abierto en 1930. Por sus habitaciones pasaron Churchill, Genet, Rita Hayworth, Errol Flynn o Anthony Quinn. Durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en uno de los centros de espionaje de ambos bandos.
Mrabet abre la carpeta y me va enseñando los dibujos. Son pinturas llevadas a cabo con lápices y rotuladores. Pinturas surrealistas, que no abstractas, en donde uno puede llegar a dilucidar que este hombre tiene en su cabeza un verdadero zoológico de bestias monstruosas. ¿Pinturas surrealistas o psicoanalistas? Mrabel tiene buena mano, ingenua y atormentada a la vez. Sus trazos son firmes y la mayor parte de las veces no le falla su intuición al elegir y distribuir los colores. Tras mis felicitaciones, se queda en silencio y comenta, como en una confesión, que Paul –siempre habla así de Bowles– nunca confió en él. A su patrón sólo le interesaba como cocinero y como contador de historias, muchas de las cuales le «robó».
Mrabet, sin que nadie le pregunte sobre este asunto, niega una relación sexual con él y con Jane, si bien no esconde el haber mantenido relaciones de todo tipo provocadas por la necesidad económica. Fue uno de los veinticuatro hijos que tuvo su padre de dos mujeres. Su madre aún vive con él y sobrepasa ya el siglo de existencia. Su universidad fue la calle, sus aulas eran los cafés y los bares. Mrabet, para sobrevivir, hizo de todo, pero siente un especial orgullo por su faceta de boxeador. Casado, se le murieron nueve hijos y sólo le quedan cuatro. Por ellos sigue luchando. Su amor paterno lo compara con el extremo egoísmo de Paul. El norteamericano jamás sintió ni amor ni compasión por Jane. Paul no quería a nadie, «ni siquiera a sí mismo». Odiaba a casi todo el mundo, especialmente a Cherifa. La acusó de ser culpable de la enfermedad de Jane, así como de intentar envenenarla varias veces.
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