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Relato de Viajes. "Tánger: un viaje en el tiempo".

Por Santiago García-Dils/05.12.2008/tangerexpress.


Tánger.

En esta ocasión os propongo un viaje en el tiempo. Quizás muchos de nuestros viajes son eso, viajar al futuro o al pasado. En nuestro caso los viajeros más imaginativos podrán incluso trasladarse a la Edad Media. Además muy cerquita de nosotros, lo tenemos a la vuelta de la esquinal iniciaremos nuestro viaje siguiendo los pasos de nuestro compatriota Ah Bey (Domingo Badía), cuando cruzó por primera vez el Estrecho durante el verano del año 1803.

“La sensación que experimenta el hombre que por primera vez hace esta corta travesía no puede compararse sino al efecto de un sueño. Pasando en tan breve espacio de tiempo a un mundo absolutamente nuevo, y sin la más remota semejanza con el que acaba de dejar, se halla realmente como transportado a otro planeta. En todas las naciones del mundo los habitantes de los países limítrofes amalgaman y confunden sus lenguas, usos y costumbres, de suerte que se pasa de unos a otros por gradaciones casi insensibles; pero esta constante ley de la naturaleza no existe para los habitantes de las dos orillas del Estrecho de Gibraltar [...] Aquí el observador toca en una misma mañana los dos extremidades de la cadena de la civilización; en la pequeña distancia entre ambas orillas se palpa la diferencia de veinte siglos”

Mucho ha cambiado el país desde que el rey Mohamed VI emprendió la modernización de Marruecos. Sin embargo Ceuta sigue siendo la frontera con mayor diferencia económica de todo el planeta. Y eso que la diferencia no está sólo en el bienestar material; pero en fin, todo se andará, espero.

Como decía antes, el viajero -no el turista-, descubridor por naturaleza, podrá conocer la vida de antaño, cuando dependíamos de los ritmos de la naturaleza y para sobrevivir debíamos ser cuidadosos observadores de lo visible y de lo invisible, respetuosos con nuestro entorno, solidarios con nuestro vecino y hospitalarios con el viajero. Los pueblos a los que llamamos en vías de desarrollo necesitan tener una mente lúcida y un corazón generoso. Este tipo de vida, mucho menos confortable que la nuestra, tiene la ventaja de ser relativamente sostenible, sin embargo la nuestra no deja de producirnos cierta desazón al percibir que estamos derrochando unos caudales que ni producimos ni nos pertenecen.

Pero volvamos a nuestro viaje.

 

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